El presidente de EE.UU. fijó un ultimátum de 48 horas para la reapertura del estratégico paso marítimo, advirtiendo de posibles ataques a infraestructura iraní. La tensión en la región genera alarma por su impacto en la economía global y el precio del petróleo.
En un contexto de máxima tensión en Medio Oriente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, endureció su discurso contra Irán y amenazó con «desatar el infierno» si no se reabre el estratégico estrecho de Ormuz. El mandatario fijó un ultimátum de 48 horas para que Teherán habilite nuevamente el paso marítimo, una vía por la que circula cerca del 20% del petróleo mundial.
«El tiempo se acaba», advirtió Trump en publicaciones y declaraciones públicas recientes. El presidente anticipó posibles ataques directos contra infraestructura iraní, incluyendo centrales eléctricas, puentes e instalaciones energéticas, en caso de no alcanzar un acuerdo. Incluso deslizó la posibilidad de intensificar la ofensiva militar para tomar control de recursos estratégicos, en una escalada que genera alarma internacional por sus posibles consecuencias.
Estas amenazas llegan en medio de un conflicto que ya lleva semanas y que incluye enfrentamientos, bombardeos y operaciones militares en la región. Desde Teherán, las autoridades respondieron con dureza y advirtieron que cualquier ataque provocará represalias, elevando aún más la tensión.
Especialistas advierten que un conflicto abierto podría desestabilizar toda la región e impactar de lleno en la economía mundial, especialmente en el precio del petróleo y el gas. El estrecho de Ormuz es una de las rutas energéticas más importantes del planeta, por allí transitan millones de barriles diarios de crudo y gran parte del gas natural licuado global.
De hecho, el actual conflicto ya provocó una fuerte caída del tránsito marítimo y un aumento significativo en los precios del petróleo, en lo que analistas consideran una de las mayores crisis energéticas desde los años 70.
A pesar del tono bélico, Trump aseguró que continúan las negociaciones y que aún existe una posibilidad de acuerdo en el corto plazo. Sin embargo, fuentes diplomáticas señalan que el diálogo está prácticamente estancado y que la situación se encuentra en un «punto muerto». El desenlace es incierto, pero el escenario actual combina presión militar, amenazas directas y negociaciones frágiles, en una crisis que podría tener consecuencias globales si no se desactiva a tiempo.
