El dispositivo, creado por Daiana Reartes, egresada de la UNCA y becaria del Conicet, ya se encuentra en fase de patentamiento y apunta a mejorar el control de calidad del agua en comunidades del norte argentino.
En un acto realizado en la Biblioteca «Dr. Dardo Mario Aguirre» de la Cámara de Senadores, la científica catamarqueña Daiana Reartes presentó los alcances de su sensor portátil de arsénico, un desarrollo que se encuentra en fase de patentamiento y que busca facilitar el análisis de la calidad del agua potable.
Reartes es egresada de la Universidad Nacional de Catamarca (UNCA) y becaria posdoctoral del Conicet en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba. La exposición fue encabezada por la subsecretaria administrativa del Senado, Alina Chaile, y contó con la presencia de equipos técnicos y miembros de la comunidad, quienes reconocieron el aporte de la investigadora con una distinción especial.
El sensor fue desarrollado durante su tesis doctoral. Según explicó Reartes, «la exposición prolongada al arsénico se correlaciona con una amplia diversidad de efectos perjudiciales para la salud, pudiendo producir cáncer de piel, pulmón y de mama, además de problemas cardiovasculares y pulmonares».
A diferencia de las técnicas tradicionales, que requieren más de 24 horas para arrojar resultados, el dispositivo permite obtener mediciones en tres minutos, sin necesidad de laboratorios complejos ni equipos importados. La científica indicó que el sensor fue validado con muestras de agua de Córdoba y de Catamarca, en localidades como Recreo, debido a la presencia histórica y natural de arsénico en la región vinculada a la formación de la Cordillera de los Andes.
«Generalmente todo el norte del país tiene agua que puede contener arsénico. Hacemos principal énfasis en las zonas más alejadas donde el acceso al agua es mediante pozos, en contacto con napas superficiales», detalló Reartes.
Actualmente, el proyecto se encuentra en etapa de patentamiento, trámite realizado mediante el Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba. Una vez publicada la patente, el siguiente paso será buscar financiamiento para llevar el dispositivo a municipios, escuelas y comunidades rurales. El sensor está pensado inicialmente para ser implementado por organismos encargados de la potabilización y el control sanitario, con miras a su futura comercialización y venta libre.
