En el marco de las conmemoraciones por el Día de los Difuntos, se describen las prácticas culturales vinculadas a la preparación de altares y ofrendas en la provincia.
La tradición de armar altares para los difuntos en Catamarca incluye una serie de prácticas y elementos específicos. Según se describe en relatos locales, el armado del altar varía según la necesidad del alma y la fuerza de la casa, y existen distintas formas de estructurarlo.
Se mencionan tres tipos de altares: el de dos pisos, que representa la conexión entre el Cielo y la Tierra; el altar del Medio, asociado a la purificación y el tránsito; y el altar de siete escaleras, que simboliza las siete moradas o escalones que el alma debe ascender. En todos los casos, se colocan fotografías, imágenes sagradas, comida, agua, pan de tantawawa, frutas y bebidas favoritas del difunto.
Los elementos naturales cumplen un rol central: el agua para calmar la sed del alma, el fuego de las velas (incluyendo una vela extra por el alma sola), la tierra representada en maíz, semillas, tantawawas y flores silvestres, y el viento presente en papeles picados y telas.
Respecto de la preparación de alimentos, se detalla la elaboración de pan de trigo con anís y azúcar, moldeado en figuras de guaguas, angelitos y abuelos, conocido como tantawawa. También se preparan mote, locro, mazamorra y se convida vino, echando un chorrito a la tierra para la Pachamama.
La música ocupa un lugar destacado: se ejecutan cajas y flautas de caña, y se describe el sonido como medicina sagrada para el alma, que viaja por los cerros y despierta la memoria de los caminantes.
En cuanto a las costumbres durante el primer año después del fallecimiento, se sostiene que no se debe realizar una fiesta grande, ya que el alma está desprendiéndose de sus apegos. En su lugar, se enciende una vela y se espera al año siguiente para recibirla con pan, comida, vino y alegría.
Finalmente, se destaca la importancia de amasar la harina, prender el sahumo, tocar la caja y sonreír, bajo la creencia de que los difuntos son camino, raíz y memoria que sostiene a la comunidad.
