Denuncia y reclamo en la vieja terminal: comerciante pide que la dejen trabajar

Un fuerte reclamo se visibilizó en la zona de la vieja terminal, sobre calle Dorrego, donde Soledad Garay, comerciante del sector, denuncia que el Municipio capitalino busca desalojarla de su puesto de venta y trasladarla a avenida del Éxodo, a pesar de contar con habilitación formal, pagar el canon correspondiente y llevar años trabajando en el lugar.

Según relató, la situación se originó a partir de episodios de violencia de género sufridos con su expareja, quien en reiteradas ocasiones generó conflictos en la zona. “Yo no tengo problemas con los vendedores, el problema fue con el papá de mis hijos, y eso ya está denunciado. Tengo una perimetral”, explicó Soledad, desmintiendo que existan quejas de otros comerciantes en su contra.

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La mujer aseguró que el argumento utilizado para sacarla del lugar sería que genera “problemas con otros puestos”, algo que fue desmentido por sus propias compañeras, quienes presentaron una nota firmada respaldando su permanencia. “Ellas aclararon que nunca tuvieron conflictos conmigo, que el problema fue con él”, sostuvo.

Soledad remarcó que cuenta con permiso otorgado por el Municipio, que cumple con todos los requisitos legales y que incluso tiene el canon pago hasta marzo. Sin embargo, denunció que desde la Dirección de Espacios Públicos le advirtieron que solo le renovarían el permiso si acepta el traslado a avenida del Éxodo, un lugar que considera inseguro, oscuro y poco viable para trabajar, especialmente porque muchas veces está acompañada por su bebé.

“Tengo cuatro hijos a cargo. De esto vivo, de esto comen y estudian. No puedo mudarme a un lugar donde no puedo vender ni estar segura”, expresó con angustia. Además, indicó que su ex pareja presentó una nota renunciando a su propio permiso y solicitando que se le permita trabajar solo a ella, reconociendo que fue él quien generó los conflictos, pero aún así la respuesta municipal fue negativa.

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La comerciante afirmó que agotó todas las instancias formales, presentó notas, fue al municipio con un abogado y mantuvo reuniones, pero no obtuvo ninguna solución concreta. “Lloré, pedí ayuda, hice todo como corresponde, pero no me escucharon”, relató.

Ante la falta de respuestas, Soledad decidió volver a instalarse en su puesto y continuar trabajando. Sus compañeras también expresaron su preocupación y aseguraron que la acompañarán para garantizar su seguridad, ya que temen que la situación empeore.

El caso vuelve a poner en discusión el accionar del Municipio, el abordaje de situaciones de violencia de género y el derecho al trabajo de mujeres que sostienen solas a sus familias. Mientras tanto, Soledad Garay solo pide una cosa: que la dejen trabajar en el lugar donde siempre lo hizo.

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