La vivienda de la pareja refleja su trayectoria personal y familiar, combinando arte, recuerdos y espacios diseñados para la vida en común.
La casa de Alberto Cormillot y Estefanía Pasquini es un reflejo de su historia personal y de la vida que comparten junto a su hijo Emilio. El espacio transmite calidez y una identidad marcada por lo emocional, con una fuerte impronta artística en sus paredes, repletas de cuadros, objetos decorativos y recuerdos familiares.
Uno de los detalles distintivos es la colección personal de 31 enanos de jardín, una pasión representativa de la personalidad de Cormillot. En el exterior, el jardín con pileta y espacios para el disfrute familiar es protagonista, donde también se destaca la presencia de Emilio con elementos como una cama elástica.
La arquitectura de la vivienda se caracteriza por grandes ventanales que integran visualmente el interior con el jardín. En su interior, predomina una estética ecléctica con muebles de madera, azulejos clásicos, repisas con objetos, miniaturas, libros y juguetes. Piezas únicas como esculturas étnicas y un caballo de madera tallada se mezclan con fotos familiares y dibujos infantiles.
El resultado es un hogar construido con historia, pensado para ser disfrutado en el presente y proyectado hacia el futuro familiar.
