A 17 años de su implementación, el sistema de elecciones primarias vuelve a ser objeto de debate en el país, analizando su impacto y posibles modificaciones.
El sistema de Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), establecido en 2009 mediante la Ley 26.571, vuelve a estar en el centro de la discusión política nacional. Este mecanismo, creado durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, buscó transparentar la selección de candidaturas y fortalecer a los partidos políticos.
Las PASO, que se aplicaron por primera vez en las elecciones presidenciales de 2011, requieren que todas las fuerzas políticas definan sus candidatos en una misma jornada electoral, con participación de todo el padrón. Para acceder a las elecciones generales, las listas deben superar un piso del 1.5% de los votos válidos.
A lo largo de los años, el sistema ha tenido roles diversos. En 2011 funcionó principalmente como un termómetro electoral. En 2015, dentro de la coalición Cambiemos, sirvió para dirimir una interna presidencial real. Su impacto fue decisivo en 2019 para el gobierno de Mauricio Macri y, en 2023, permitió la irrupción de Javier Milei como el candidato más votado individualmente.
Actualmente, el gobierno de Milei impulsa su eliminación, reeditando un debate recurrente. La ausencia de las PASO obligaría a los partidos a resolver sus candidaturas mediante acuerdos internos o elecciones partidarias, lo que, según analistas, podría generar fracturas o candidaturas con menor consenso público.
El debate sobre las primarias no se centra únicamente en su eficacia, sino también en su conveniencia para los distintos actores políticos, un aspecto que ha variado según los contextos y las fuerzas involucradas.
