Víctor Tula, hermano de la víctima del matricidio ocurrido en julio en La Chacarita, afirmó que Marcelo Joaquín Tula se refería a su madre como «Norma» o «vieja» y que existían malos tratos. Consideró que el brote psicótico alegado por la defensa es una coartada.
Víctor Tula, hermano de Norma Beatriz Tula, víctima del matricidio ocurrido el 19 de julio en barrio La Chacarita, declaró a la prensa que Marcelo Joaquín Tula, único imputado por el hecho, nunca trató a su madre como tal, sino que se dirigía a ella por su nombre.
«Yo siempre le decía por qué no le decís ‘mamá’. Él siempre le ha dicho Norma. O vieja. Pero nunca le decía madre. No sé qué lo habrá llevado a esta situación. Ni siquiera yo me explico por qué ha llegado a hacer lo que ha hecho. En casa conversábamos lo más bien. Nunca me tocó un tema de que le hubiera querido hacer algo a la madre», indicó Víctor Tula.
Asimismo, el hermano de la víctima señaló que reprochó a su sobrino por los «malos tratos» hacia su progenitora. «La trataba mal y yo le recriminaba todas las cosas esas. Él ensució el apellido de mi viejo, de mi hermana. Para mí no tiene perdón de Dios», agregó.
Respecto del brote psicótico que Marcelo Joaquín habría presentado al momento del crimen, según el informe de la junta interdisciplinaria, Víctor Tula sostuvo: «Para mí ha sido una coartada lo que él ha hecho, lo del cuadro psicótico, de que estaba peleando con el diablo y no con la madre». Además, no descartó que haya sido «influido» para tratar de «zafar» de la causa.
En cuanto a la relación entre el imputado y su madre, los peritos del Cuerpo Interdisciplinario Forense (CIF) consignaron en el informe de la junta interdisciplinaria que Marcelo Joaquín describió el vínculo como una relación entre «hermanos». «El vínculo con su madre de acuerdo a su mirada, era bueno, con choques frecuentes, pero en el marco de un estilo tenso, naturalizado y minimizado, descripto por él, como una relación entre ‘hermanos’, lo que podría marcar una falta de diferenciación jerárquica saludable de límites y roles», remarcaron los peritos.
Según la pesquisa, el asesinato de Norma Beatriz ocurrió el 19 de julio de este año, entre las 13 y 14, en el domicilio que compartían, ubicado en calle Carlos de la Vega, en barrio La Chacarita, en la ciudad Capital. En el interior de la vivienda se generó una discusión entre ambos. Luego hubo un forcejeo en una de las habitaciones que funciona como depósito. En esa habitación, el hijo redujo a Norma, quien quedó tirada en el suelo.
Una vez que Norma estaba en el piso, Marcelo Joaquín le aplicó con un cuchillo tipo Tramontina unos 23 puntazos en la cara y los hombros, y otras 24 puñaladas en la zona del cuello, de acuerdo con la investigación. Esto provocó la muerte de Norma. El despliegue de violencia continuó: para la Fiscalía, luego el hombre le dio más puntazos al cuerpo de la madre, introdujo un caño metálico en la boca de ella, un palo de escoba en el recto y otro caño en la cabeza. Tras el ataque, Marcelo Joaquín se lavó las manos en el baño, se sacó la campera que tenía puesta, la dejó colgada en una silla y se retiró de la vivienda. Posteriormente se dirigió a la Catedral Basílica, en pleno centro, y desde allí envió un mensaje por WhatsApp a un conocido para que lo busque.
Para la Fiscalía, Marcelo Joaquín tuvo claras intenciones de causar la muerte de su madre, pero «de una forma cruel y desalmada». Está imputado por el delito de «homicidio doblemente calificado por el vínculo y por ensañamiento».
