En Oceanside, California, el músico gestiona una granja orgánica y regenerativa que abastece a comercios y compradores por internet; el compost y la diversificación son parte central del manejo.
En Oceanside, California, el músico Jason Mraz desarrolló una producción orgánica en un campo de 17 acres (aproximadamente 6,9 hectáreas) que abastece a comercios y compradores por internet. El compost y la diversificación son parte central del manejo, según la información publicada por la familia en su sitio web «Mraz Family Farms».
Cuando Mraz compró el terreno en 2004, buscaba vivir cerca de la naturaleza. El campo ya tenía árboles de paltas plantados desde comienzos de los años setenta. La reconversión tomó impulso en 2015, cuando una poda severa de los árboles antiguos, conocida como stumping, abrió espacio para renovar el establecimiento, incorporar variedades y organizar una nueva operación familiar. En diciembre de 2016, Mraz Family Farms se presentaba como una explotación de 17 acres.
En mayo de 2017, en una entrevista con Troy Johnson para «San Diego Magazine», Mraz explicó que quería convertir el viejo monte de paltas al manejo orgánico, pero debía afrontar cambios y costos. La sequía encarecía el agua y depender de un solo cultivo complicaba las cuentas. «Necesitaba diversificar», resumió.
Con el acompañamiento de Scott Murray, a quien identificó como su mentor agrícola, exploró alternativas. Buscaba productos que interesaran a cocineros y consumidores y que pocos productores ofrecieran. La posibilidad de cultivar café surgió a partir del trabajo del agricultor Jay Ruskey, pionero de esa producción en California.
La propuesta tenía un vínculo con su historia personal. «Comencé mi carrera en cafeterías», recordó el músico a San Diego Magazine. Las primeras plantas de café llegaron en abril de 2015 y comenzaron a ir al suelo en octubre de ese año. Mraz contó que habían tenido que preparar unas 2300 posiciones de plantación y proteger los cafetos del invierno y del sol. En 2017 todavía presentaba la experiencia como un ensayo cuyo resultado y productividad estaban por verse. La familia anunciaba once variedades de arábica y anticipaba una espera de años antes de disponer de granos para vender.
No obstante, las paltas conservaron su lugar central. En 2019, la familia describía en su sitio un campo con cerca de 1000 plantaciones, atendidos individualmente con alimentación y poda. Según ese texto, no aplicaban fertilizantes químicos ni insecticidas, sino que recurrían al compost natural y a insectos benéficos. Los árboles florecían en primavera y los frutos alcanzaban la madurez en la primavera siguiente.
En un video con Alison Teal, difundido en 2017, Mraz mostró su aplicación en la huerta y describió los microorganismos como pequeños agricultores que intercambian nutrientes con las raíces. «Al compostar mejoramos el suelo, de modo que prácticamente se convierte en una esponja», señaló. Mraz relacionó esa mayor retención de agua con la recuperación de reservas subterráneas y la mejora de los ecosistemas.
La reutilización también formó parte de la reconversión del campo. La familia contó que parte de la madera de los árboles se trituró para volver al suelo como compost, mientras que otros troncos y ramas se reservaron para fabricar estantes, utensilios y objetos. El sitio presenta la agricultura regenerativa como uno de los principios del establecimiento.
La actividad tiene canales comerciales definidos. Según la información publicada por la granja, vende paltas Hass y Reed y maracuyá de temporada en cajas por internet, y abastece a algunos comercios y restaurantes de Oceanside. La ficha de las paltas Hass muestra precios de entre US$25 y US$50 por caja, aunque al momento de la consulta figuraban sin disponibilidad.
El café tiene otro recorrido: Frinj se encarga de la poscosecha y la comercialización. La granja informa que sus partidas son limitadas y menciona que en 2019 llegaron a compradores como Bird Rock Coffee Roasters, en San Diego, y Saza Coffee, en Japón.
La experiencia productiva encontró un lugar en sus canciones. En una entrevista para Green Matters, Mraz explicó que «Frank D. Fixer», de 2012 y dedicada a su abuelo, conecta los recuerdos de la agricultura familiar con las dificultades que él mismo conoció como pequeño productor. Participar en Farm Aid, el concierto benéfico de apoyo a las granjas familiares, le permitió comprender mejor esos desafíos y volver a sus raíces.
Al hablar con Green Matters, Mraz recordó que había comprado el terreno a un hombre de más de 80 años. Pensó en los árboles que estaba plantando y en la posibilidad de que otro joven continuara el trabajo cuando él llegara a esa edad. Su idea de futuro quedó expresada en una frase: «Si una granja se maneja bien, sobrevivirá a su agricultor».
