Un repaso por la situación de la Dirección General de Antropología, la Escuela de Arqueología de la UNCa y la preservación del patrimonio arqueológico en Catamarca, a partir de la comparación con la saga de Indiana Jones.
La Dirección General de Antropología de Catamarca fue creada en 1985 con sede en Andalgalá y dependencia de la Subsecretaría de Cultura y Educación. Actualmente depende del Ministerio de Cultura, Turismo y Deporte y debería estar integrada por los departamentos de Arqueología, Antropología Cultural, Folklore, Lingüística, Museología y Ciencias Auxiliares. Su estructura prevista incluye un director, secretario, jefes de departamentos, investigadores, colaboradores adjuntos, bibliotecario, auxiliar administrativo y personal de maestranza y servicios.
Entre sus funciones se encuentra la administración de los museos arqueológicos y antropológicos y la aplicación de la Ley 3223/77, que establece la propiedad provincial de bienes culturales y científicos (ruinas, yacimientos y vestigios arqueológicos, paleontológicos y paleoantropológicos). Esta ley fue modificada por la 4831/95 en aspectos de preservación del patrimonio cultural e histórico, defensa, fomento, estudio científico y divulgación del patrimonio antropológico a través de científicos o instituciones nacionales o extranjeras; promoción de recursos humanos en antropología; organización de jornadas, congresos, seminarios y cursos; y fomento de nuevos museos regionales y parques arqueológicos.
Según el texto, la Dirección cuenta con seis licenciados en Arqueología, a los que se suman los responsables de los museos de La Puerta, Andalgalá, Capital, Santa María, Fiambalá, Tinogasta, Laguna Blanca, Antofagasta de la Sierra y Shincal de Quimivil, de los cuales solo cuatro son licenciados en Arqueología. De ello se desprende que más de la mitad de los municipios y alrededor de nueve departamentos no tienen arqueólogos ni museos.
El informe señala que la Dirección no dispone de camionetas propias (4×4, equipos de comunicación, equipamiento específico), carece de presupuesto para recorrer los 100.000 km2 de la provincia ni de personal para funciones de rescate, control o relevamiento. También indica que debería intervenir obligatoriamente en los IIA y trabajar en conjunto con Minería, Inta, Vialidad, entre otros organismos.
En el ámbito universitario, la Escuela de Arqueología de la Universidad Nacional de Catamarca (UNCa) forma licenciados en Arqueología, en Patrimonio Cultural y en Antropología Social y Cultural. El texto sostiene que, pese a ser Catamarca una de las provincias con mayor patrimonio arqueológico en variedad, calidad y cantidad, la escuela no se ha convertido en facultad, lo que atribuye a «cuestiones estratégicas de supuestas políticas universitarias». Agrega que la matrícula disminuyó y egresan solo cuatro o cinco alumnos por año, debido a la falta de salida laboral de consideración, lo que lleva a los profesionales a inscribirse como becarios o ingresar a la docencia, donde predominan los profesores de Historia.
La provincia cuenta con 16 departamentos y 36 municipios, todos con patrimonio arqueológico en su jurisdicción, algunos sitios estudiados y otros desconocidos científicamente. El texto plantea como propuesta que cada municipio tenga un arqueólogo para relevar, preservar, estudiar y poner en valor ese patrimonio, con el agregado de generar salida laboral.
Respecto de la recuperación de piezas arqueológicas dispersas por el país y el mundo, menciona el caso de Aroldo Rosso, quien mientras trabajaba en Catamarca llevó a Córdoba miles de piezas con las que creó el Museo Ambato en La Falda, Córdoba. Señala que tras un robo en ese museo, las piezas aparecieron en poder de Matteo Goretti, un coleccionista.
En materia paleontológica, el texto indica que hay restos frente a la Dirección de Antropología (ex Campo de Las Heras) y un yacimiento del periodo Cenozoico considerado el más importante de Argentina, que se extiende desde Puerta de Corral Quemado (Belén) hacia el noreste, en un arco de unos 130 km, hasta el sur de Santa María. Relata que en 1926 llegó a Catamarca la expedición paleontológica estadounidense del Museo Field de Historia Natural de Chicago, conocida como la 2º Expedición de Campo Capitán Marshall Field, liderada por Elmer S. Riggs, con colaboración de José Strucco, Luis Flores y Felipe Méndez. Según el texto, extrajeron fósiles del periodo Terciario (Mioceno y Plioceno) de armadillos gigantes, ungulados nativos y grandes marsupiales carnívoros, que actualmente se encuentran en Estados Unidos.
En la serranía de El Alto y Ancasti, zona de yungas, el texto menciona yacimientos arqueológicos con pictografías y afirma que un ex director provincial de Antropología suscribió el Informe de Impacto Ambiental que da fe de que ningún sitio arqueológico del Este catamarcano se verá afectado por la explotación de litio en la zona.
Finalmente, se refiere al museo arqueológico Condor Huasi en Belén, fundado en 1944 por Eduardo Cura, quien reunió miles de piezas. Tras su muerte, los familiares lo donaron a la provincia y luego el museo funcionó en el primer piso de una galería comercial de Belén, en un departamento alquilado. El texto sostiene que en 2024 el museo desapareció y continúa perdido, y que versiones en la plaza del pueblo indican que la colección está guardada en algún depósito.
El artículo también menciona a Fray Salvador Narváez (1893-1976), franciscano e historiador, autor de una campaña de concientización, salvataje y rescate arqueológico que resultó en la creación del Museo Arqueológico Adán Quiroga, que atesora unas 8.000 piezas prehispánicas. Cita a Marcos Quesada, Dr. en Ciencias Naturales y Lic. en Arqueología, quien rescató de la Hemeroteca Municipal un discurso de diciembre de 1966 en el que Narváez manifestó su deseo de erigir una estatua en homenaje al «Indio Diaguita», con anteproyecto del escultor Hernando Dalla Lasta, y que al inaugurarse «se saldará la deuda con nuestro indio y su imagen». Según el texto, luego se desechó el proyecto de Dalla Lasta y se encomendó al escultor Forner una estatua del fraile de pie y, en segundo plano, un aborigen sin identidad sentado y sumiso.
