José Antonio Kast, Keiko Fujimori, Daniel Noboa y Santiago Peña se sumaron a los mandatarios que reconocieron la victoria del presidente brasileño. Javier Milei aún no emitió declaraciones.
Once de los 18 presidentes de América Latina reconocieron la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta de Brasil. Entre ellos se encuentran mandatarios de derecha alineados con Estados Unidos como el chileno José Antonio Kast, el ecuatoriano Daniel Noboa, el paraguayo Santiago Peña, el boliviano Rodrigo Paz y la peruana Keiko Fujimori.
Esta situación aleja la posibilidad de éxito de la estrategia de Flavio Bolsonaro de solicitar la anulación de los comicios por irregularidades en la decisión de extender dos horas la votación, debido a que los municipios gobernados por el bolsonarismo no garantizaron el transporte público.
El presidente argentino Javier Milei continúa sin reconocer el triunfo, en una postura similar a la de Donald Trump y el colombiano Abelardo de la Espriella.
El triunfo de Lula da Silva sobre Flavio Bolsonaro generó expresiones de felicitación por parte de dirigentes del peronismo. Cristina Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa saludaron al presidente brasileño. Massa se pronunció incluso un día antes de la elección.
El exministro de Economía contaba con encuestas que anticipaban la victoria de Lula, por lo que decidió involucrarse en la campaña y envió a Brasil una delegación del Frente Renovador integrada por Cecilia Moreau y Sebastián Galmarini.
Tras confirmarse la victoria, Massa publicó el sábado un mensaje en el que reivindicó la trayectoria política del presidente brasileño: «Hoy, como ayer, del lado de Lula de la vida».
En el gobierno de Javier Milei no se emitieron declaraciones oficiales. El Presidente había enviado una comitiva liderada por Virginia Gallardo para celebrar la victoria, pero finalmente optaron por mantener un bajo perfil.
La rápida salida de los gobiernos sudamericanos a reconocer a Lula se explica por la trascendencia continental de Brasil y la potencia del vínculo regional, independientemente de quién esté en el gobierno. En este punto, pesó más la fuerza de la potencia sudamericana que el alineamiento con Washington.
