El Vaticano consideró inexplicable la recuperación total de una beba con una grave infección ósea. El caso, aprobado como milagro en 2020, acerca a la beatificación del fraile catamarqueño, cuya figura se revaloriza a 200 años de su nacimiento.
La curación de una niña de Tucumán, diagnosticada con una grave infección ósea, fue el hecho considerado milagroso que resultó determinante en el proceso de beatificación de Mamerto Esquiú. El caso fue aprobado en 2020 por el Congreso de Cardenales, tras el aval previo de las comisiones Teológica y Médica del Vaticano, que en 2019 concluyeron que la recuperación no tenía explicación científica.
La historia se remonta a Tucumán, donde una beba nació prematura y a los pocos días desarrolló una enterocolitis necrotizante y, luego, signos de una infección grave en la pierna izquierda. Los estudios confirmaron un cuadro severo: artritis séptica en la cadera y osteomielitis en el fémur izquierdo, que evolucionó a una forma crónica.
El tratamiento incluyó cuatro intervenciones quirúrgicas de limpieza en el fémur, con drenajes y antibióticos de alta potencia, sin lograr frenar la infección. Los médicos evaluaban una cirugía extrema para extraer parte del hueso afectado. En ese contexto, la madre de la niña recurrió a la fe, pasando sobre la pierna enferma una estampita con una reliquia de Esquiú y pidiendo su intercesión.
Doce días después, un nuevo estudio radiológico mostró un cambio inesperado: la infección había desaparecido y el hueso evidenciaba una recuperación completa. Con el correr de los días, también desaparecieron los síntomas clínicos y los indicadores de laboratorio. Los controles posteriores confirmaron la curación total.
El caso incluyó además un hecho singular: muestras de biopsia extraídas durante una cirugía, que debían haberse deteriorado, se conservaron en condiciones aptas para su análisis semanas después, confirmando la existencia previa de una osteomielitis crónica. Todos los profesionales que evaluaron la documentación coincidieron en que la evolución del cuadro no tiene explicación médica.
Hoy, la protagonista de esta historia, conocida como Emma, lleva una vida normal en San Miguel de Tucumán.
Nacido en 1826 en la localidad catamarqueña de San José de Piedra Blanca, Esquiú fue un fraile franciscano, hombre de profunda humildad y reconocido intelecto. Pasó a la historia argentina por su sermón de 1853, donde llamó a la unidad nacional y al respeto por la Constitución, ganándose el apodo de «El Orador de la Constitución». A pesar de su prestigio y de haber sido nombrado obispo de Córdoba, nunca abandonó su sencillez franciscana.
Aunque el milagro ocurrió en Tucumán, la devoción por Esquiú tiene su epicentro en Catamarca, especialmente en Piedra Blanca, su lugar de origen, donde su figura forma parte de la identidad local. En la antesala del 11 de mayo, cuando se conmemorará el bicentenario de su nacimiento, su figura vuelve a cobrar fuerza.
