El economista Juan M. Graña sostiene que el estancamiento económico argentino responde al modelo aplicado y no a factores coyunturales o falta de tiempo. En un artículo publicado en perfil.com, enumera datos sobre empleo, inversión y consumo.
El economista Juan M. Graña publicó en perfil.com un artículo titulado «No es una coyuntura, ni falta de tiempo: es el modelo», en el que analiza el desempeño de la economía argentina y atribuye el estancamiento al modelo económico vigente.
Graña sostiene que «cada vez que la economía argentina exhibe un decepcionante desempeño los defensores del modelo vigente buscan excusas y proponen modificaciones estéticas para defender un modelo que solo les funciona a ellos».
Según el autor, desde comienzos de 2025, hace 18 meses, la economía muestra una imagen similar a la actual, por lo que considera que «esto que vemos es lo que puede ofrecer el modelo económico». Afirma que, salvo los sectores agro, minería, energía y finanzas, «la economía está estancada».
El artículo enumera una serie de datos: caída de la inversión productiva del 11% entre los primeros trimestres de 2025 y 2026; destrucción de 235 mil puestos de trabajo de calidad en el sector privado; remuneraciones privadas un 5% por debajo de noviembre de 2023; empleados públicos con salarios un 20% menores (40% en el caso de los nacionales) y 70 mil empleos menos; creación de cientos de miles de puestos informales; y cerca de 5 millones de jubilados de la mínima que perdieron 10% de poder adquisitivo por la licuación del bono.
Graña también menciona la caída del consumo masivo y los elevados niveles de mora de las familias. Señala que el superávit fiscal se viene comprimiendo por la caída de la recaudación vinculada a la actividad interna, y que el ministro de Economía, Luis Caputo, declaró que no puede seguir ajustando, aunque en agosto se recortó 10% del gasto.
El autor indica que el gobierno reduce impuestos a los sectores de mayor capacidad contributiva, como blanqueos, bienes personales o consumos suntuarios.
Respecto de los defensores del modelo, Graña afirma que «ya reconocen las penurias, pero argumentan que lo que se observa es una ‘transición'». A su juicio, «llegando al final del tercer año de gobierno y sin perspectivas de cambio no podemos más que confirmar que esto es lo que tiene para ofrecer el modelo».
El artículo plantea que para generar encadenamientos productivos y empleo a partir de los sectores primarios se requeriría desarrollo de proveedores o inversión de parte de los recursos en el resto de la economía, pero sostiene que ambos están vedados por decisiones del gobierno: el RIGI limita ese proceso por los beneficios y nulas condicionalidades, y la política tributaria y el desmantelamiento de la obra pública también inciden.
Graña afirma que «el modelo está diseñado para concentrar los beneficios en sectores elegidos que además por sus características estructurales generan muy poco empleo» y menciona una caída del 5% en industria y construcción en julio.
Finalmente, el autor sostiene que «si queremos otros resultados, necesitamos una alternativa que busque la estabilidad con una distribución más equitativa de los costos del proceso», lo que requiere mecanismos para una recomposición urgente de los ingresos (salario mínimo, paritarias y jubilaciones) y una política macroeconómica y productiva que impulse un crecimiento económico más homogéneo, con reactivación de la inversión pública.
