El género romántico volvió a ocupar los primeros puestos en las plataformas de streaming con títulos como Marfil, Besarse es la parte fácil y La timonel, la mayoría basados en novelas populares. Un fenómeno que plantea interrogantes sobre la relación entre éxito de audiencia y calidad narrativa.
El romance está de regreso en la pantalla, pero los aficionados tienen poco para festejar. Gracias al streaming el género volvió al primer plano con una mayoría de historias que son más populares que mirables.
“Ten cuidado con lo que deseas porque se puede hacer realidad”. La frase, como un eco, se repite mientras el zapping, o lo que pasa por zapping en la era de las plataformas de streaming, informa que en los primeros puestos de las series y películas más vistas aparecen films como Marfil (Prime Video) y Besarse es la parte fácil (Netflix) y series como La timonel, consecuencias directas de no haber sabido calibrar el pedido al universo por más historias románticas para ver.
Durante años Hollywood y muchas otras de las industrias audiovisuales en el mundo se dedicaron a ignorar olímpicamente a la comedia romántica que tanto habían transitado en el pasado y a convertir a los dramas sentimentales en un catálogo de corazones rotos y trágicas muertes jóvenes. Por casi dos décadas, el romance fue percibido por muchos como veneno para la taquilla e insuperable “espanta rating”. El género cargó con la injusta culpa mientras sus fanáticos afirmaban, en vano, que a pesar de su mala fama, valía la pena rescatarlo del olvido.
Y tanto lo pidieron —lo pedimos— que finalmente ocurrió. Pero, ¿a qué precio? Cuando los sistemas de streaming reconocieron el potencial audiovisual inexplorado de cientos de novelas románticas que la industria editorial vendía de a millones globalmente, muchos festejaron el descubrimiento, por más tardío que fuera. Por fin parecía que el género y sus varios derivados estaban listos para regresar al primer plano. Así, las novelas de Julia Quinn se transformaron en los exitosos Bridgerton de Netflix, el puntapié inicial de la catarata de adaptaciones que no se detiene. Porque los espectadores responden, especialmente los jóvenes aficionados a las fanfics y los libros creados para plataformas como Wattpad, una muy buena herramienta para la difusión de autores noveles, pero que no es especialmente conocida por la calidad de los materiales que tiene disponibles. Como ejemplo, véase la trilogía El stand de los besos. O mejor que no se vea. En general, se trata de relatos románticos apuntados a lectores jóvenes adultos escritos por quienes todavía pertenecen a esa franja etaria o apenas se graduaron de ella. Unos cuentos de amor y pasión inmaduros, esquemáticos y el grado cero de los guiones de las comedias románticas y los dramas más sofisticados. Para que no queden dudas: están más cerca de los textos escritos por alumnos de primaria que de los de Nora Ephron.
La ecuación es evidente: las novelas de calidad literaria dudosa derivan en películas y series de nivel similar. Lo que resulta menos obvio es la posibilidad de que los productores eleven la puntería. Sobre todo cuando incluso sus intentos menos logrados encabezan las listas de lo más visto en las diferentes plataformas. Es decir, mientras que la trilogía Culpables, de Prime Video, basada en las novelas de la escritora argentina española Mercedes Ron, siga rankeando tan alto en la plataforma, sus adaptaciones continuarán llegando a la pantalla. Sin Culpa mía no existiría Marfil, el más reciente largometraje pergeñado entre la autora y Prime Video (número uno global entre los contenidos no hablados en inglés) que aunque cuenta con mayor presupuesto que su antecesora, no se diferencia demasiado de ella a la hora de la construcción de su narrativa. Y que, como la película anterior, se posicionó rápido entre lo más visto del streaming.
En una industria que aspira a repetir el suceso de un contenido copiando fórmulas ya conocidas, el género romántico está en pleno proceso de expansión y coqueteando peligrosamente con la saturación. Fotocopias de fotocopias de fotocopias inevitablemente desenfocadas y hechas a partir de un original que de por sí no era particularmente interesante resultan en series como La timonel, de Netflix. Un despropósito dirigido al público juvenil que intenta ser un poco Maxton Hall, la serie alemana basada en una novela e inesperado éxito de Prime Video, y otro poco Más que rivales, de HBO Max y Off Campus, de Prime, casi obras de arte en el contexto del desalentador panorama actual. Ese mismo ecosistema en el que una película como Besarse es la parte fácil, desvergonzada versión perezosa de los films de John Hughes, adaptada de una novela de Wattpad y producida originalmente para la plataforma de contenidos gratis Tubi, está ubicada entre los diez largometrajes más vistos de Netflix en todo el mundo.
Está claro que en este caso, como en el de otros géneros, el terror, por ejemplo, la popularidad no equivale necesariamente a calidad del programa o film. Ni más volumen de producción conduce a mejores resultados, como empezaron a entender los cultores de los cómics. De hecho, las adaptaciones cinematográficas y televisivas de historietas podrían ser el espejo en el que se mire la narrativa romántica para evitar tropezar con la misma piedra. La saturación que alcanzaron los superhéroes en pantalla a partir de la equivocada certeza de que el público glotón aceptaría hasta sus versiones menos elaboradas no está tan lejos de afectar a las comedias románticas y los dramas sentimentales que las plataformas programan y replican sin pausa.
El regreso tan esperado llegó, pero ante buena parte de sus producciones cabe preguntarse si el costo no fue demasiado alto, mientras como un eco se escucha eso de tener cuidado con lo que se desea porque puede hacerse realidad.
