El actor estadounidense Robert De Niro, a través de Nobu Hospitality, destina US$250 millones a la construcción de The Beach Club Barbuda, un complejo turístico de lujo en la isla caribeña que comenzará a operar a fines de 2026.
El actor estadounidense Robert De Niro, dos veces ganador del premio Óscar, confirmó una inversión de US$250 millones en el mercado inmobiliario y turístico de la isla de Barbuda, según informó The New York Times. La inversión se canaliza a través de Nobu Hospitality, firma que comparte con el chef japonés Nobu Matsuhisa y el productor Meir Teper, y que cuenta con más de 60 restaurantes y 19 hoteles en todo el mundo.
El proyecto, denominado The Beach Club Barbuda, se construirá sobre un terreno de 161 hectáreas frente al mar, en la misma playa donde funcionaba el K Club, hotel en el que se hospedaba la princesa Diana en los años 90. Años después, la playa fue nombrada Playa de la Princesa Diana en su honor. El complejo comenzará a operar a fines de 2026.
El masterplan contempla 17 villas privadas de más de 500 m², con acceso directo al mar, piletas, jardines, cine y bodega propia. Además, incluirá el hotel boutique Nobu Beach Inn y una oferta gastronómica a cargo de Nobu. En paralelo, se comercializan más de 20 residencias de lujo con precios desde US$12 millones y 30 parcelas para quienes deseen construir sus propias mansiones frente al Caribe.
La llegada de capitales internacionales genera expectativas por la creación de empleo y el impacto económico en una isla de aproximadamente 1500 habitantes. Organizaciones locales advierten sobre el riesgo ambiental que implica la urbanización intensiva en un territorio de recursos limitados. Los desarrolladores aseguran que las construcciones son de una planta, están integradas en la vegetación y cumplen con estándares de sostenibilidad. Además, afirman que parte de los ingresos se reinvertirán en la comunidad.
De Niro visita Barbuda desde hace más de 30 años y posee una residencia privada en la isla. La apertura de The Beach Club Barbuda se suma a la tendencia de inversores internacionales que consideran a las islas caribeñas como un activo inmobiliario de alto valor, comparable con Saint Barth, Anguilla o Turks & Caicos.
