La conductora interpreta a Lucía en su primera película, una comedia romántica dirigida por Hernán Guerschuny. En una entrevista, detalló el proceso de preparación y sus expectativas sobre el estreno.
Wanda Nara debuta en el cine con la película ¿Querés ser mi hijo?, una comedia romántica en la que interpreta a Lucía, un personaje que, según sus declaraciones, atraviesa diversas situaciones emocionales. La dirección está a cargo de Hernán Guerschuny.
En una entrevista, Nara explicó cómo fue el proceso de construcción del personaje: “Cuando me propusieron hacer la película, leí un poco el libro y empecé a meterme en este mundo. Es imposible, y creo que les va a pasar a todas las mujeres cuando vean la película, no empatizar, no sentir que en algún momento de sus vidas pasaron por alguna de las situaciones que atraviesa mi personaje, que es Lucía. La verdad es que empaticé mucho. Fue un placer interpretar a esta mujer, a la que le pasan un montón de cosas: su fragilidad, sus miedos, su angustia, su historia de amor. La película arranca con una problemática enorme y una desilusión amorosa. Es un papel muy rico en matices, y fue increíble poder interpretarlo y prepararme para cada escena”.
Consultada sobre qué la atrae de contar una historia para el público, respondió: “Sin dudas, lo que más me atrae es salir de mi personaje, salir de Wanda y sumergirme en todo lo que implica ser Lucía. Desde el pelo y el maquillaje hasta su manera de vestir, de caminar y el tono de voz. Es muy alejado de cómo soy yo. Tener que estudiar al personaje, saber qué le gusta, qué no le gusta, cuáles son sus miedos y sus problemáticas, me parece muy atractivo”.
Respecto de sus recuerdos de infancia, mencionó: “Me gustaban mucho las fantasías. Por ejemplo, Dailan Kifki, de María Elena Walsh, era un libro que me encantaba. Lo leía y lo volvía a leer. A veces me lo leía mi mamá y otras veces me acuerdo de que me lo leía una maestra del colegio. Mi cabeza cerraba los ojos e imaginaba las escenas de lo que me contaban o de lo que leía. Fue un poco lo que me pasó también cuando leí el libro de la película. Una cosa es leer una historia e imaginarte cómo puede llegar a ser, y otra es ver la escenografía, los lugares, las diferentes situaciones y cómo interactuás con los actores. Ahí cambia lo que te habías imaginado. Me pasó cuando me vi vestida de Lucía en el primer shooting. Me cambiaron todo, terminaron de caracterizarme, me giré, me miré en el espejo y, como ya había leído el libro, cuando me vi reconocí a Lucía. Me puse a llorar”.
Sobre esa primera imagen, agregó: “Me impactó el look. Era muy acartonado, muy alejado de lo que soy yo, pero a la vez me recordaba algún momento de mi vida en el que estuve muy acartonada, conformando a otras personas que me querían ver así. Me sorprendió cómo un vestuario podía llevarme hasta ese lugar para interpretar a un personaje. Todavía no había hablado ni tenido mi primera escena y ya sentía ese sufrimiento, sentía las rejas que sentía el personaje. Me sentía atrapada. Me sentí Lucía. Fue increíble. A partir de ahí empecé a entender un montón de cosas. Veía la ropa en ese lugar enorme donde estaba el vestuario y ya sabía, por ejemplo, qué ropa interior usaba Lucía. También entendía que esa ropa iba a cambiar a medida que avanzara la película”.
En cuanto a lo que el cine suma a su trayectoria, sostuvo: “Sin dudas, mucha jerarquía. También significa salir de mi lugar de confort, saber que siempre hay algo más, que siempre podemos aprender. Entré en un mundo que no era el mío, de puntitas de pie, escuchando cada consejo y cada mirada, con mucho respeto y cuidando cada detalle. Jean Pierre Noher fue muy generoso conmigo. Miraba mis escenas con Agustín Bernasconi y Agustín miraba mis escenas con Jean Pierre. Los dos me decían sus comentarios y qué pensaban. Charo también miraba todas mis escenas, ensayaba conmigo y me ayudaba. Siento que es un mundo que me encanta, que me saca de mi lugar de confort y me llena de aprendizaje y de experiencias nuevas. Aprendí mucho. A veces decís: ‘Bueno, ya sé todo’. No, no. Entré en algo que no era mi mundo y aprendí muchísimo. Me pareció increíble, superatractivo. Me levantaba a las seis de la mañana contenta y ansiosa por ir al set porque la pasaba bien, aunque también era exigente. Tenía que cambiar la voz, cambiar el vestuario, estar pendiente del guion y de un montón de cosas. En mi mundo habitual no sigo un guion: hago mi programa de taquito, lo conozco y sé cómo moverme”.
Ante la pregunta sobre si le preocupaba que el público viera a Wanda en lugar de a Lucía, afirmó: “Me parece que la gente se va a impactar. Van a ver a Lucía y no a Wanda, y se va a poder meter de lleno en esta comedia romántica. En ningún momento debería sentir que está viendo a Wanda. Me parece que está muy cuidada, y eso también es parte del trabajo de todo el equipo. Hernán Guerschuny, el director, es espectacular. Para él también fue un desafío tenerme como actriz. Yo siempre fui muy clara y les dije: ‘Quiero que sean sinceros, que me digan lo que tengo que hacer y que me corrijan lo que me tengan que corregir’. No opiné tanto porque me entregué, confié y me puse en manos de profesionales que hacen cine”.
Respecto de sus sensaciones al ver la película terminada, expresó: “Me parece increíble. Cuando vi la película tuve una sensación de mucho orgullo, de mucha emoción y una necesidad enorme de que la viera mi familia. Pensaba: ‘Hice tantos castings, tantas cosas con mi abuelo… ¿Sabrá, en algún lugar del mundo, que llegué al cine?’. Mis abuelos no pudieron verme, pero lo logré. Mi abuelito me esperaba en todos los castings, incluso para hacer cinco minutos de un comercial. Nunca me hubiera imaginado llegar al cine. Por eso, el día del debut voy a estar más pendiente de mirar las caras de mi hermana, de mis hijos y de mis papás, de ver su emoción. Creo que van a tener que verla varias veces porque, de la emoción, no van a poder seguir bien la trama o la película. Me acuerdo de que desde Uruguay les mandaron una escena cortita al grupo que tenemos de familia y estaban impactados. No lo podían creer. Mis hijas me preguntan todos los días cuándo es el estreno y lo tienen anotado en sus agendas. Los varones también. Toda la familia está muy pendiente de verla. Estoy muy orgullosa de que puedan ver una película apta para todo público, una comedia romántica que deja un mensaje lindo. Tuve mucha suerte de debutar en cine con una película que me permite mostrar un montón de matices”.
Finalmente, sobre si siente que se abre una nueva etapa, concluyó: “Sí. Hubo mucho esfuerzo, mucho trabajo y preparación, pero también mucho de escuchar a los expertos. Pablo Inés me corregía, por ejemplo, la voz. Lo primero que me dijeron fue que la voz que uso para conducir no es la que va al cine. Yo pensaba: ‘¿Tengo que empezar de cero?’. A partir de ahí me fui metiendo cada vez más, me sentía más involucrada y me daba más orgullo. Hacer reír es muy difícil. Pasar por todas las situaciones que atraviesa Lucía tampoco es fácil. Yo decía: ‘Qué generoso fue el que pensó que yo podía ser este personaje’. Es un papel muy rico para una actriz, porque te da matices y un montón de herramientas. Si están bien usadas, está buenísimo. Es el tipo de papel que cualquier actriz quisiera hacer”.
