Familias denuncian que los policías «buscan trabajos alternativos» para llegar a fin de mes

El masivo reclamo policial frente a la Casa de Gobierno, en Plaza Belgrano, no fue solo por un aumento salarial. Fue el desahogo de una institución que se siente «partida al medio». La movilización de familiares y policías retirados desnudó una realidad interna alarmante: una brecha que separa a una cúpula presuntamente beneficiada con un presunto plus millonarios, de una base que «no llega a fin de mes».

El clima en la marcha estuvo marcado por la reciente filtración de adicionales que habrían percibido los altos mandos. Mientras versiones extraoficiales señalan que integrantes de la Plana Mayor y Jefes Regionales habrían recibido conceptos que podrían superar los 4 millones de pesos, la realidad de los agentes de calle es otra.

«Queremos que los sueldos sean parejos, que cuando le suban a uno le suban a todos por igual», reclamó la esposa de un policía en actividad ante los micrófonos de Radio 2. El sentimiento de injusticia es total: el agente personal subalterno percibe básicos que apenas rozan los 220.000 pesos, obligando a muchos a buscar trabajos alternativos. «En sus horas de franco son peluqueros, albañiles o cortan el pasto para poder sobrevivir», relataron referentes del sector retirado.

Inseguridad y precariedad

Uno de los puntos más críticos expuestos durante la jornada fue la falta de insumos básicos en las dependencias. En un contexto de creciente inseguridad, los familiares denunciaron que los efectivos deben poner dinero de su bolsillo para brindar atención.

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«Muchos llevan sus propios gabinetes y hasta escriben atrás de las hojas de votos porque no tienen papel en las comisarías», denunció una de las manifestantes, exponiendo la falta de internet y recursos mínimos para el funcionamiento de las seccionales.

A esta precariedad se suma el riesgo constante. Las esposas de los efectivos reflejaron el drama de la inseguridad que también las golpea: «Muchas veces yo le digo a mi hija: ‘despídase de papá’, porque no sabemos si vuelve. Hace poco quisieron robarle el arma a una compañera y eso no sale en las noticias».

Miedo a las represalias

Pese a la masividad de la marcha, el temor a las sanciones administrativas fue un tema recurrente. Muchos familiares asistieron en representación de sus hijos o esposos para evitar que estos enfrenten sumarios o el pase a disponibilidad, una amenaza que, según denuncian, sobrevuela cada vez que intentan visibilizar el malestar.

«El gobierno siempre nos ha tratado de callar. Tienen mil maneras de aumentar el salario, pero no quieren ver la realidad», sentenció una familiar con años de lucha en la fuerza.

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